jueves, 3 de enero de 2013

FIGURA DE MUJER



Maguid me tira un cambio, un nuevo secreto tal vez de un antiguo texto, perdido en el pasado. Juancho mi lector, me lee apresurado, trata de interpretarme. Son las cinco de la tarde, la hora del café, sentado en Átame Gabriela tratando de no pelearme con el áspero cortado que me han servido, me encuentro ubicado  en la ventana que hace ochava con el Parque Virrey Loreto,  observo las bellas barrancas llenas de vegetación que hay en la plaza, la cantidad de perros que en ella se encuentran, la gente que la atraviesa y los colectivos que transitan a su alrededor, todo mezclado de mil maneras diferentes. En el interior del boliche el mostrador dando toda la vuelta, cierra el lugar donde se despacha y forma la barra, donde la gente habitué se reúne para contarse cosas  y cambiar confianza con los dueños, al fondo, los espejos, determinan el fin del local y unen al mostrador con la larga vidriera que da sobre la calle  Pampa, mesas que pueblan el ambiente, donde se sientan parejas y solos, antiguos y modernos con sus Notebook, seres humanos que sufren el pasado y velan el futuro. Están los que hacen nada, quienes esperan, aquellos que huyen de un lugar buscando  lo mismo en otro, los que rara vez se piensan amados y están los otros, los cancheros y felices aparentes que siempre ríen y pareciera, viven dentro de un spot televisivo. Es un café, cofre de juguetes varios, donde apilados por Laquesis, sufridos en silencio, dichosos mientras gritan, divagan seres que ven pasar el tiempo. Bostezo, clavo la mirada en el cielorraso, la bajo lentamente giro y quedo sumergido, en la pantalla de la Notebook de una mesa vecina, brillante, me muestra la figura de una mujer desnuda, sus ojos infinitos, las manos cruzadas sobre el pecho, su delgado cuerpo, su oscuro y largo cabello acariciando una piel blanca. De pronto me da miedo esa forma virtual, esa nada, que podría desaparecer con un simple clic de maus, ya que tiene la virtud más que la virtud, la extraña sugerencia de que absorbida por mi mente, pierde su condición de imagen virtual  y se convierte en una realidad, hecha carne en mi pensamiento. Que es lo que me atrae? De esa figura plana y ausente enmarcada en la pantalla fría, pienso, callo, observo. Maguid me dice: mira sus ojos. Si, no cabe duda, esos ojos ausentes, sin mirada, parecen eternos en su silencio, atraviesan mi vida hurgando mis palabras para desenterrar de ellas el pasado. Juancho, mi lector apresurado, me dice que es una chica nada más. Yo la imagino como Clotos, hilando el hilo de mi vida, diciéndome ya llegaste, ya falta poco, no he arrollado todo todavía pero has usado mucho, cuida de ti el tiempo que te queda. Quisiera levantarme, ir hacia la Notebook y clavar mis labios en los de la imagen, para aspirar aquello que no existe. ¿Será Cronos nomás? Las formas literarias que fueron construyendo mi destino? Estaremos los humanos, formados por imágenes y palabras y hoy, el resplandor de ese destello, despierta fantasmas ignorados? !No viejo estas equivocado! Me dice Juancho, mí texto es diferente, yo soluciono esto con una relación sexual verdadera, por ahí va el relato. Es verdad, a veces me equivoco pierdo la orientación de lo que escribo -le contesto- sale así, sin rumbo cierto, mientras Maguid me lo dicta y Juancho lo lee, apresurado. Conseguir la clave de Ariadna debería, para continuar en este laberinto, en donde las palabras, son las sombras de las cosas, las imágenes, nuestro propio espejo que nos mira. Pero no puedo apartarla, el relato se pierde entre sus dones, como una Isis altiva en su poder y falta de amor en sus deseos, que buscara decirnos nuevamente."Soy todo lo que existe, lo que es ahora y lo que será, ningún mortal, a descorrido jamás, mi velo" Eso es, a lo que me hallo sometido, sufro, por no entender cuál es el velo de la imagen de mujer de la Notebook, de sus fríos ojos, de su quieta ausencia de los hechos, tal vez, de no tener la inmanencia de ella y pertenecer, a lo eterno e inmutable. ¿Que estoy contando?  Espera dice Maguid, de lo virtual salta a lo real, busca el bullicio del lugar, el sol, la risa, quizás esto te oriente.
Puede ser si fuera cierto, que muchos relatos ordenados están en el archivo de la mente, pero no siempre es así, hoy se da lo contrario, hay una sola imagen univoca en el texto, es la mujer desnuda, es su contacto visual y virtual al mismo tiempo, hablar de ella sin nombrarla, penar, porque no existe, saber que la miro en la Notebook de otra mesa. Juancho lector dijo.

--Estoy en desacuerdo, según yo, me alejaría en procura de aventuras más reales, amores juveniles, hay en este café chicas solas, con Notebook que no usan, deberíamos marcar inicio y buscar sus tristezas, sus faltas, el porqué de sus vidas, un nuevo sendero impondríamos al texto, necesitamos un argumento más real, soy joven quiero joda.

Ante estas divergencias, volvió Maguid, divino poder que revela lo que se debe hacer, en cada caso.

--¿Porque no te decides?
--Lo que vos digas será Maguid.
--Cambia el rumbo del relato, los distintos velos de mis textos, me dicen que en la mesa de la Notebook y solo en ella, está el lugar de cambio por donde encontraras la salida a este entuerto.

Mire a Maguid, invocando al pasado, cuando el presente me resulta esquivo y fui tras su consejo, en realidad el es yo en la escritura. Camine los pocos pasos que nos separaban de la mesa, donde la imagen de la mujer desnuda lucia titilante en la pantalla,  mientras me acercaba, interrogaba mi interior en procura de encontrar algo lógico, a lo ilógico de la situación, quien estaba sentado a la mesa, leía un diario con atención, tratábase de un joven alto y varonil.

--Perdón, quisiera hablarte.-fue lo primero que se me ocurrió decirle- Levanto su frente sorprendido.
--¿Que queres?
--Escúchame por favor, solo necesito hablarte de algo que me intriga, una explicación para la mujer desnuda que tenes en la pantalla de tu Notebook, me ha impresionado desde que llegue al café, no puedo darme cuenta cual es su embrujo, pero lo cierto que a partir del momento que pose mi mirada en ella, no puedo apartarla de mis pensamientos Que es lo que me pasa? Solo vos me lo podes explicar,  necesito entenderlo.
-- ¡Ese es tu interés!  ¿Si te digo no te importa?  ¿Armo un escándalo?  ¿Llamo a la moza?  ¡No te conozco!
--Un momento, seguro que no me conoces, pero ambos tenemos algo en común, la mujer desnuda, yo recién me he apasionado por ese misterio, como creo que vos lo estas mucho antes que yo, por eso quiero  la revelación del mismo, saber porque  la imagen de esa mujer se apodero de mí y me intriga tanto.
--Por lo que veo te interesa demasiado,  ¿Cuál es tu nombre?
--Autor.
--Está bien autor sentate a la mesa, quizás por la pasión que yo también poseo, te entienda y acceda a develar el misterio de la imagen de mujer que ves en la pantalla de mi Notebbok, me llamo Luis.

Retire la silla frente a él y me senté, atento a todo lo que Luis dijera.

--Hace tiempo más del que hubiera creído, soy pareja de la imagen, nos amamos, con un profundo y loco amor, que nunca hubiera soñado tener por nadie, pero la imagen es perfecta, salvo en un detalle, que es necesario saber, para aceptar el loco amor que me atraviesa quizás porque no, sin que nunca llegues a comprenderlo.
--Precisamente Luis me acerque a vos, para descubrir lo desconocido de la imagen, de eso se trata, quiero conocer todas las causas y entender todos los hechos.
No sé si el conocimiento te servirá de algo pero allá vos, para que sea más fácil entender la atracción que la imagen nos produce ahí va el detalle, el punto neural del asunto, la figura de la Notebook  responde al nombre de Olga, es un travesti de los bosques de Palermo, para verla y sentirla como hubiese querido sea, mediante photoshop le saque los genitales,   ¡Conforme!
--Si, gracias.

sábado, 22 de diciembre de 2012

BOLIDO AMARILLO



Se levanto temprano, se ducho y fue a la cocina, donde preparo el desayuno para empezar el día, Enrique todavía dormía, anoche se acostó tarde, porque tuvo una reunión en la empresa,  esperaría un poco, una vez servido todo, lo llamaría. El departamento, daba a un costado del edificio, donde un hermoso jardín, cubría las cocheras subterráneas, le gustaba su cocina, corriendo las cortinas, entraba un hermoso sol, mirando al exterior, se encontraba acompañada, de flores y verdes arbustos, mientras preparaba el café, recordó sus años de casada con Enrique, ya iban para seis, tenían dos hijos de cuatro y cinco años, a quienes todas las mañanas, el micro los llevaba al colegio, donde se quedaban todo el día, hasta las cinco de la tarde, hora que ella pasaba a retirarlos. Lo conoció en la facu, ambos se recibieron de ingenieros, pero ella no ejercía, sin darse cuenta, lentamente, prefirió dedicarse al hogar y los suyos, se fue alejando de la profesión, aunque para no perder actualidad, una vez a la semana, concurría a la empresa de Enrique, a ayudarle, estar al tanto de las cosas, por otro lado, el siempre fue muy protector, muy macho como dirían, buen compañero. En todos estos años, no se podía quejar, eran una pareja armónica, sin muchas discusiones, bueno, en fin, a ella no le gustaba discutir, siempre aceptaba lo que el decia, pero estaba contenta realmente, de haberse casado con el hombre que eligió, muy enamorada.  Enrique era un ser meticuloso, al que le gustaba ordenar su vida y la de los demás, recordaba con humor, al poco tiempo de casada, cuando el le dijo, no me gusta tu pelo, deberías cambiar de peluquero, e ir al que va mi hermana, así lo hizo, parece extraño pero acertó, desde ese día, se vio mas linda que nunca, nadie le entendía su pelo,  tan bien como Carlos, es mas, desde entonces y por distintas razones, hay dos hombres en su vida, que le son indispensables, Enrique y Carlos. Cuando esta sentada en la peluquería, hablar con el, es como hacerlo con un sicólogo, mas de una ves, le ayudo a solucionar líos con Enrique, o sus hijos, los peluqueros son así, te arreglan el pelo,  si estas conforme como lo hacen, terminan siendo como hermanos tuyos, se olvidaba, hoy tenia una reunión con amigas, aprovechando que Enrique, vendría tarde, por problemas en la oficina, decidió arreglar con ellas, para  de esa manera,  aprovechar y salir un poco, total los chicos, quedaban con María y listo, por lo tanto pensó, voy a  pedirle a Enrique, una vez que nos desayunemos, me acerque a la peluquería, así estoy linda para esta noche, ¡Caramba! Dejando pasar el tiempo, ya casi estamos sobre la hora

--Enrique, levántate amor, el desayuno, se te hace tarde para la oficina.

Apareció Enrique, bostezando en la puerta de la cocina.

--¿Que pasa amor, es tarde?
--No, todavía hay tiempo, pero toma el desayuno, después te das un baño rápido, mientras yo me visto.
--¿Vas a salir?
--Si, sabes que salgo esta noche, ahora aprovecho que vas a la oficina y me dejas, en lo de Carlos.
--De acuerdo, servime el café con leche, pero las tostadas sin dulce, no tengo ganas de comer mucho, estoy engordando.
--Pavadas, te veo como siempre, veni sentate,

Laura retiro del fuego la cafetera, lleno su taza y la de Enrique, le agrego leche, después puso las tostadas, sobre la mesa, con dulce para ella,  solas la de el, se sentó.

.--¿Tenes mucho trabajo, hoy en la oficina?
--Un montón, a la noche voy a venir tarde, tengo una reunión importante, con unos inversores nuevos, espero no demorarme mucho.
--No te preocupes amor, yo también voy a estar con mis amigas, saldremos a comer, tomar algo, que se yo
--Los chicos, ¿como se fueron hoy  los chicos?
--Muy bien, María los preparo y les hizo la leche, yo los acompañe hasta la camioneta.

Pronto terminaron de desayunar, Enrique fue rápido a la ducha, Laura se dirigió al dormitorio, para arreglarse, tardo un poco, pero le vino bien, porque su marido en ese tiempo, termino el también, de acomodarse, ambos estaban listos para salir.

--Vamos Laura, que se hace tarde.
--Si, ya salgo.

Dejaron el dormitorio, el living, la cocina, antes Laura, le dio las ultimas instrucciones, a María, en cuanto al almuerzo, llegaron al palier, de donde fueron directamente, al subsuelo, una vez en el, Enrique, se encamino a su auto, moderno, pero lo que mas resaltaba de el, era su profundo color amarillo, techos, puertas, baúl, todo amarillo, excepto los faros negros. Laura nunca supo comprender, porque a su marido, le encantaba moverse, en un auto tan llamativo, pero bueno, cosa de él.

--¿Te llevo a la peluquería, no?
--Si, como te dije, debo estar linda para esta noche.

Puso el auto en marcha, acciono el portón del garaje y salieron, vivían en Pampa y Tres de Febrero, la peluquería se encontraba por Libertador, cerca de la Nueve de Julio. Así que tomo Pampa y subió por la Avenida, hacia el centro, la mañana se veía, primaveralmente hermosa, Libertador, completa de autos, con sus jardines y altos edificios, daba la sensación de un exultante mundo, que quizás no fuera tan real, hicieron el viaje callados, ambos sumidos en sus pensamientos, de pronto a el se le cruzo una idea.

--¿Como vas a volver?
--No te preocupes, de la peluquería pido un remis.
--¿Y a la noche?
--Salgo con mi auto, no lo quise traer ahora, porque me gusta que manejes vos, así yo miro las calles, los parques y me lleno de sol.
--Que poética.
--Vos sabes que siempre lo fui, mira, sin darnos cuenta, ya casi estamos en lo de Carlos.

Si efectivamente, ya habían llegado, Enrique estaciono el coche, frente a la peluquería, Laura le dio un beso y bajo.

--Cualquier cosa te llamo al mediodía, chau
--No te preocupes, voy a estar todo el día en la oficina, después hablamos.

Arranco la moderna mole amarilla, con faros negros, mientras un nuevo cliente, ingresaba a la peluquería.

--¿Que tal Carlos como te va, me podes peinar?
--Con vos siempre puedo Laura, quédate un rato por ahí, que enseguida te atiendo,  ¿Queres tomar algo?
--Dale.
--Vicky servile un café a la señora.

Laura se sentó en un silloncito de espera, busco una revista de modas, su pasión, mientras tomaba el café, se dispuso a pasar un buen rato, con la vuelta de cada hoja, Carlos avanzaba más en su trabajo, cuando la lectura llego a su fin, este la llamo.

--Te toca a vos Laura, veni.

Carlos debería tener, no mas de treinta y cinco años y esa femineidad, tan agradable a las mujeres, con quienes compartía muchos gustos, suspicaces observaciones, que de seguro, escapaban al común de los hombres, todo ello, le daba cierto aire particular. Ella, fue en busca del sillón, frente al amplio espejo, con luces dicroicas, donde Carlos, desarrollaba su arte, lleno de pequeños estantes, con cremas, colorantes, ruleros, tijeras y un secador, made in italy  que dicen, son los mejores.

--Sentate Laura  ¿Como te va, que te queres hacer?
--Mira péiname, fíjate si tengo que cortarme las puntas, poneme linda para esta noche, que tengo que salir, con mis amigas.
--Despreocúpate y déjame a mi, vas ha quedar preciosa para tus amigas, mas tarde para Enrique, que te aseguro, se volverá loco al verte.
--¿Te parece?  No es de volverse loco,
--¿No? mira que todos los hombres se vuelven locos, según como los trates.
--Entonces, yo lo debo tratar muy mal, porque conmigo es más bien tranquilo
--Lo dudo, mira que no vi muchas veces a tu esposo, porque casi siempre te deja y se va, pero la sensación que tengo de él, no es la tuya.
--Puede ser, quizás tengas mas experiencia que yo, en ese tema, en conocer a los hombres, se detuvo un poco inquieta, se estaba metiendo en caminos escabrosos.
--No te quepan dudas, soy muy observador, casi siempre doy en el clavo, pero hablando de otra cosa,  ¿adonde vas hoy a la noche?
--Salimos con unas amigas, del colegio de los chicos, que se yo, cenaremos algo, antes iremos a tomar un café, cuestión de hablar y pasarla bien, es una reunión, que hacemos cada tanto, porque nos interesa mucho, estar juntas
--Si, son esas reuniones, donde uno va contando, trozos de su vida, escucha de los otros replicas exactas, de los mismos problemas, que lo afectan a uno, todos se ponen contentos, ante la malaria general.
--De acuerdo, es como si habría un equilibrio social, que nos justifica a seguir como estamos, dándonos cuenta, que el otro también, somos nosotros.
--Tal cual Laura, es como sicoanalizarse en grupo, -nada mas que en un café y entre amigos- brutal, vas a pasarla bien esta noche.
--Seguro, siempre la paso bien, pero te digo, tenes que poner onda positiva, ese es el secreto.
--¡Si onda positiva! tamboriles y panderetas, ¡arriba Laura! hoy es tu día. ¡Termine estas preciosa!
--A ver Carlos, alcánzame el espejo, quiero verme

Con el espejo en mano, se vio reflejada, en todos los lugares de su cabeza, recorrió todo su pelo, precioso, hoy causaría impacto, entre sus amigas.

--Carlos.
--¿Qué?
--Salio bárbaro ¿Cuanto te debo?
--Arregla con Vicky, si necesitas un remis, ella te lo pide, chau Laura un beso, debo seguir con las otras chicas, saludos a Enrique,
--Bueno, se los daré, voy  a ver a Vicky, chau.

Se dirigió al fondo de la peluquería, donde estaba la recepción, allí pago y pidió un remis.

--Un segundito señora, sientese un momento, que en seguida viene,

Así lo hizo y espero, al rato Vicky le indico, que el coche la aguardaba en la puerta, se despidió de ella, una vez en la calle, diviso al remis que la esperaba.

--¿Adonde vamos señora?
--Pampa y Tres de Febrero.

Hacia allí fueron, haciendo el camino inverso, que unas horas antes, ella hiciera con su esposo. Pronto llego a su casa, descendió, pago el viaje. Entrando al edificio, se encamino a su departamento, acomodaría la casa con María, almorzaría, buscaría los chicos al colegio, luego de jugar un rato con ellos, se prepararía, para el encuentro con sus amigas. Quedaron en reunirse, a las ocho de la noche, en un bar de Palermo Soho, para después ir a comer a Puerto Madero y luego volver a casa, linda salida pensó. Llego al palier y abrió.

--María,
--¿Si señora?
--Veni, me cambio y arreglamos un poco, después almuerzo, vos seguís con lo tuyo.

Así pasó la tarde, como tantas otras, a las cinco menos veinte, ya estaba en el garaje, en busca de su auto, para traer a los chicos, el suyo no estaba pintado de amarillo, por el contrario, su color era negro, de tamaño mediano, tal vez común a muchos, de los que circulaban por la zona. Un rato después, se encontraba en las puertas del colegio, donde a  todo, se lo veía como un desorden fenomenal, chicos que iban y venían, padres ansiosos, que temían no ver el momento, cuando sus chicos salieran, sin darse cuenta, que estos, los veían a ellos, mucho antes de salir, camionetas escolares, donde sus dueños juntaban chicos, como quien arma un ramo de flores, de a uno por uno, en fin, la salida de un colegio, grande, importante, privado, pago, donde todo se exagera, en orden a la figuración social, de cada uno.
Laura, pronto diviso a Martín y Lucia, que salían juntos, besos y abrazos, como corresponde, entre mami y ellos, algo tan personal e intimo, incluso, en medio del zafarrancho mas atroz. Los llevo al auto, terminaron en la cocina, con la vista del parque, tomando un te con mama, que los escuchaba embelezada. La tarde caía y pronto, seria hora de partir, Laura se preparo para ello, de la mejor forma posible, tratando que la ropa realzara, los naturales encantos de su cuerpo. Se puso un Yin crudo y ajustado, zapatos negros de taco alto, remera y llevo una chaqueta, por si refrescaba, reviso su cartera, todo estaba en orden, el reloj marcaba, cerca de las diecinueve y treinta, ya debía irse. Se despidió de los chicos, le dio a María, las ultimas instrucciones, diciéndole que no se preocupe, que volvería tarde, que les de de comer y los acueste.

--Si señora, vaya tranquila, todo estará bien.
--Estoy segura María, chau cualquier cosa, llámame al celular.
--Si es necesario si señora, hasta luego.

En la cochera, puso en marcha el auto y arranco, hacia Palermo Soho, donde se encontrarían, en principio, para tomar y charlar, antes de ir a cenar, dobló por Libertador, hasta Scalabrini Ortiz, después busco Malabia, allí detuvo su coche, ante la puerta del resto, donde seguro las chicas ya estarían, entró, era un bar amplio, con mucha luz, mesitas de madera oscura, con sillas de estilo moderno, de distintos colores, casi al centro del local, se hallaban sentadas, sus tres amigas, Ana, Rosa y Silvia,

--Que tal ¿Como están chicas? el transito estaba lento, sino hubiera llegado antes.
--No te preocupes, sentate, que nosotras hace apenas unos minutos, que estamos juntas.

Rosa y Silvia, venían en el auto de Ana, las tres vivían muy cerca, les resultaba cómodo, moverse en un solo vehículo. Comenzaron a hablar y charlaron, verdaderas amigas, de todas las cosas que ocurrían, en sus respectivas familias, la indiferencia del esposo de Ana por ella, los problemas que tenia Rosa, con sus tres traviesos chicos, que la torturaban diariamente, la peor de todas Silvia, quien vivía con su suegra en casa, espantoso drama, digno de un amplio libro. Así las cosas, se hizo la hora de cenar, decidieron partir a Puerto Madero. Laura en su coche, las otras tres amigas en el de Ana, volvieron a Avenida Libertador, muy  pronto se encontraron, con Avenida Córdoba, doblaron a la izquierda y se dedicaron, a recorrer lentamente la zona, ya que no tenían lugar definido a donde cenar. Puerto Madero, se presentaba esplendido, con sus restaurantes, a cual mas tentador, sus luces iluminando casi, como si fuera pleno día, no tuvieron que andar mucho, dos cuadras apenas y el lugar elegido, les pareció el correcto, estacionaron con facilidad, ya que el restaurante, no se hallaba totalmente lleno, faltaban algunas mesas por ocupar, entraron, vieron una al fondo, cerca de la ventana, de donde se veía el Río de la Pata, agua tranquila, entre diques silenciosos, decidieron que era suya, ya que les pareció la mejor. Se acercó el mozo con el menú, discutieron vinos, pescados, frutos del mar, pastas, pero al rato puestas de acuerdo, degustaban una excelente comida. Laura, quizás con un poquito de envidia, de las demás, hablo de Enrique, como se querían, de su hombría, para llevar adelante el hogar, de nuevo Ana dijo !Que lastima! Que ella no podía, decir lo mismo de su marido, Silvia volvió a arremeter, contra su suegra, a la que denomino, consecuencia de todos sus males, ya que el esposo era un amor, pero ella, Rosa introdujo el ariete, de sus tres niños y determino allí mismo, que de no tomarse unas vacaciones, explotaría. Laura pensó, en la buena relación con Enrique, agradeció al cielo tal circunstancia, por otro lado, lo que la tenia muy feliz, era que su peinado, el que le hiciera Carlos, llamó poderosamente la atención, de sus amigas, todas dijeron, que le quedaba maravilloso y quisieron saber ya, la dirección de su peluquero. Muy contenta, igual que las chicas, por la noche que estaban disfrutando, pensó cuanto hacia, que no la pasaba tan bien. Se fueron fijando, cada una en el reloj, de pronto llego la hora de partir, se acerco el mozo, pagaron y  las cuatro salieron contentas, al fresco de la noche, al despedirse, juraron volver a encontrarse lo antes posible. El peinado de Laura, recibió nuevos comentarios, la promesa de sus amigas, de ir a visitar a Carlos a la brevedad. Sonriente, Laura  fue al auto, arranco y puso camino a su casa, tomo por Libertador, era tarde, apuro la marcha, se acordó que cuando Libertador, se habría con Avenida Alcorta, siguiendo por esta, en donde comienza el parque, hay un desvío que acorta camino, la noche era oscura, ella sabia que ese camino, se convertía en un hotel, a la luz de la luna, pero no le importo, en realidad, nunca media los riesgos, cuando estaba interesada en algo, decidió, no seguir por Libertador y continuar por Alcorta, pronto los focos del auto, iluminaron el desvío, apenas lo vio, giro a la derecha y comenzó a circular, por esa calle, estrecha y peligrosa, a cuyos costados, no hay nada mas que cercos, de alambre y vegetación, aminoro la marcha, miraba con precaución, la calzada, ya que no podía librarse, de sus correspondientes baches, que la hacían de cuidado, su vista se fue proyectando, sobre el camino, de pronto sus ojos, se quedaron espantados, fijos, en un auto, totalmente amarillo, con focos negros, que estaba estacionado, sobre el pasto, algo retirado del camino. ¡El coche de Enrique! exclamo, por primera vez, un escalofrío recorrió su cuerpo, no, no era miedo, un presentimiento, de que ese coche ahí, seria una desilusión para ella, la hizo frenar en seco, estaría a cincuenta metros del auto, llevo el suyo al pasto, al costado del camino y bajo. Con la respiración contenida, sin saber lo que pasaba, camino al encuentro de la masa amarilla, en busca de la verdad, sin haber sido vista por nadie, llego al costado del auto, aunque el lugar se encontraba un poco en penumbras, no le impidió ver, lo que ocurría en el interior, Carlos estaba arrodillado, sobre el asiento del conductor y su marido, le practicaba una penetración anal, las exclamaciones, los gestos de placer, la locura sexual, que se vivía allí dentro, hacía imposible decir nada. Volvió a su coche, de contramano regreso a Avenida Alcorta, la vida nunca seria igual, después del encuentro con el bólido amarillo.


DE ORDEN Y DESORDEN UN SIMPLE DIALOGO



Buscaba un lápiz y encontré un escarbadiente, necesitaba un vaso y solo había platos ¡Hay mi señora! ¡Que embolada es! ¿Y yo? Yo también soy un desordenado, esto del orden nunca lo entendí, ni tampoco me intereso mucho ser distinto a lo que soy, pero en el fondo siempre tuve curiosidad por las personas ordenadas, por el simple hecho de imaginármelas diferentes a lo que yo soy y un día, hace ya de esto algún tiempo y de casualidad nomás, como casi siempre suceden estas cosas, tuve oportunidad de satisfacer mi deseo de conocer al orden y fue, cuando me tope en una clase de yoga a la que yo asistía con ella. Ella estaba acomodando su ropa de calle antes de empezar los ejercicios con la maestra, la colocaba una a una, bien dobladita  meticulosamente puesta sobre la silla que le correspondía, para luego a continuación arreglar sobre su cuerpo de manera minuciosa, la ropa de gimnasia que se había puesto, yo la miraba y por primera vez me avergoncé de mi desorden, mi silla era una montaña de ropa mal tirada, ¿Mis zapatos? Ni sabia donde estaban y mi ropa deportiva, ¡Un desastre! Pantalones mal puestos, remera del revés, zapatillas con los cordones sueltos, era la viva imagen del desorden yo, bueno era quien era no podía negarlo. En la clase me puse al lado de ella y una vez terminados los ejercicios de meditación, después de la charla que dio la maestra nos dispusimos cada uno a retirarnos; cuando salí del vestuario al hall no la vi, pero quise esperarla y me senté, estaba dispuesto a aguardarla todo el tiempo que su orden lo indicara. Yo entré a cambiarme y lo hice en un santiamén, ella no, al rato largo apareció y casi sin mirarme, se alejo hacia la salida, fue ahí cuando me di cuenta que no era un joven adolescente, para estar abordando mujeres por la calle, ni tampoco ese era mi estilo, de desordenado mucho, de mujeriego poco, pero no sabía porque, algo diferente a otras veces me estaba sucediendo. Yo habia venido a ese gimnasio mucho y visto a mujeres y mujeres, pero llegaba la hora de irme y salía disparado hacía la calle, pero hoy, era distinto a todas las otras veces, esta mujer me había robado mi tiempo, ya no me importaba irme, por supuesto irme solo, quería irme con ella y hablarle y decirle, que hay cosas que de golpe aparecen sin saber porque, pero aparecen, como ser el deseo de estar con el otro, aunque no sepamos por supuesto, si el otro quiere estar con nosotros ¿Cómo hacer entonces para abordarla? En el tramo de escalera que va del instituto a la calle, hay cuarenta escalones y un descanso, si no la abordo antes de que llegue a la puerta, la pierdo entre la gente que pasa por afuera, el transito, el ruido y los negocios, debo apurarme entonces, ponerme a su lado y decirle, que ordenada es usted, ¡No! ¡No! Eso suena horrible, me permite soy un desordenado que busca redimirse, tampoco ¡Sigue horrible! Lo mejor me acerco y veo, cuando mi paso y el de ella pisen el mismo escalón, mis zapatillas con los cordones sueltos y sus impecables zapatos de taco alto nos harán hablar, o quizás no se, veremos que pasa, voy a su encuentro ahí viene.
Apuro el paso y se puso al lado de ella y empezaron a bajar juntos, de pronto al tercer escalón de esa proximidad, ella se detuvo y lo miró un segundo, el sin saber que hacer se la quedo mirando, entonces ella le pregunto.
--¿Me estas siguiendo?
--Siguiendo no, exactamente solo pretendo estar al lado tuyo.
--No tengo interés que estés al lado mío.
--Lo se no me conoces y luzco desarreglado, vos por el contrario sos un monumento a la pulcritud, como ya te habrás dado cuenta somos distintos, seguro no pensamos igual en muchas cosas, pero fíjate vos, esa seguridad casi de que tenemos enfoques distintos de las cosas, fue lo me llevo a querer conocerte, simplemente para saber como somos.
--Discúlpame no me interesa saber como sos, además estoy en pareja y muy contenta, no quiero arriesgar nada de lo que tengo frente a un desconocido cincuentón como sos vos.
--Yo también tengo lo mío, soy casado y no quisiera cambiar a mi mujer, por una cuarentona que no se quien es.
--Entonces porque no cruzas la calle que el semáforo esta en rojo y me dejas tranquila.
--No puedo hacer eso aunque quisiera, mira el semáforo paso a verde, la dirección de transito de la ciudad quiere que hablemos, aunque sea una simple charla de café y después vos volverás a tu pareja y yo a mi mujer ¿Venís? Hay un café aquí a la vuelta y un entrepiso arriba, oculto a las miradas de la calle, todo será top-secret perfecto ingles, una película de suspenso, yo seré un combow del oeste y vos una girl del este, mas cerca de Holywood  que de la fiebre del oro y sus pasiones.
--¿Te dijeron que sos hincha?
--Me dijeron eso y mucho más, pero vamos a tomar un café, me dijeron que se hablar.
--Es lo menos que podes saber.
--Es lo que se.
--¿Lo menos?
--No lo mas, no hay nada superior  a una palabra, cuando se necesita hablar y ser escuchado.
--Caramba ¿Te volviste intelectual?
--No, es el yoga, dentro de un rato se me pasa.
--¿Entonces?
--¿Qué?
--Si pronto se te pasa ¿Para que queres charlar? ¿Ir al café? Todas esas cosas si dentro de un rato nada.
--Mira, llegamos a la puerta del café de vos depende que yo hable y de mi, que vos escuches, entremos, tantos bemoles para hablar un rato.
Y entraron, atravesaron el local en dirección al fondo y una vez allí, por la escalera que los llevó al primer piso, esa que casi siempre hay que subir cuando uno esta en un local y quiere ir al baño, que bronca ¿No? Pero bueno, ese no era el caso de ellos, así que una ves arriba, se acomodaron en una mesa que daba a un ventanal que hacia ochava con la calle juramento, vino la moza y pidieron, el un cortado en jarrito y una media luna y ella
un capuchino con un sándwich tostado, se fue y al rato volvió con el pedido. Nuevamente solos, sin problemas como parecían estar, sentados al sol y rodeados de la hermosa vista de Cabildo, cerca del mediodía casi, en un día de pleno verano, empezaron a hablar.
--¿Porqué el yoga? -pregunto el-
--Porque llevo contabilidades, impuestos y eso me produce mucho stress, necesito relajarme, las cervicales, me siento tensa y con el yoga encuentro un alivio ¿Y vos?
--No se, la verdad no se porque vengo a yoga, imagino que es para pasar el tiempo, creérmela que soy un tipo calmo, calmo y tranquilo, ¿Por qué? ¡Que joda! Porque practico yoga ¿Te das cuenta? El yoga para mi es una excusa, un libro de autoayuda que no sirve para nada pero lo compro.
--¿Si no sirve porque lo compras?
--Porque espero encontrar alguien más pelotudo que yo, que me haga saber como ser feliz ¿Estupido no? Sentimentalmente berreta ¿Verdad?
--Si.
--Gracias por lo lacónico de la respuesta, escéptica como una cirugía, nada de clisés sicológicos ni frases hechas, un si rotundo y simple ¡Magnifico!
--¿Me trajiste aquí para que sea tu terapeuta? Después de una sesión de yoga tener que aguantar tus pelotudeces, puedo llegar a irme.
--No, no me interesa contarte de mí, lo que me pasa, lo que siento, ¿Eso a quien le importa? Me llamo la atención tu obsesivo orden, frente a mi despelote congénito y eso me llevo a pensar, lo distinto que ambos seriamos y en que podríamos concordar, imaginar por un instante y llegar a preguntártelo por ejemplo, como buscaste de ser en la vida.
--Quise ser ordenada con mis cosas simple y sencilla y lo conseguí, no desear mas de lo que pueda tener, no buscar parejas complicadas que me saquen de mi normalidad, tratar de ganarme el dinero con que me pago la vida en este mundo y en lo posible, no depender de nadie, ser yo siempre y si amo en el momento que ese amor deje de ser tal, sepa dejarlo. No comprometerme con el otro hasta el punto que joda mi propia vida.
--Ah ¡Perfecto! ¡Moza la cuenta!
--¿Qué te pasa?
--Que me quiero ir estoy hablando con una maquina.
--¿Te crees que todos son iguales a vos?
--No.
--Hay distintos, diferentes lo que mas podemos encontrar, es ser parecidos en algunos matices, pero siempre conservaremos nuestra personalidad.
--Tenes razón debe ser como vos decís, pero ahora me doy cuenta que eso del orden y el despelote es demasiado, me senté con vos aquí, pensando que algo podría encontrar que nos uniera, pero somos tan distintos que es imposible encontrar afinidades. A medida que la conversación avanza, es como que estoy buscando temas que no siento.
--Yo te lo dije cruza la calle ahora que el semáforo esta en rojo
--Tenes razón pago y nos vamos, yo al desorden que comparto con mi esposa, vos a la armonía de tu pareja, de cualquier forma fue interesante hablar con vos, ambos nos dimos cuenta que estamos bien donde decidimos estar.
--Es cierto, después de todo el café estaba rico.