viernes, 10 de enero de 2014

DE LA TORRE A LA ARENA



En su atalaya, indolente el príncipe observaba desde las altas torres del palacio al desierto, que a sus pies se extendía como una sábana que todo lo cubría, hasta que su vista se perdía en el horizonte, era un mar, un mar de arena, aquí y allá manchas oscuras salpicaban el amarillo fuego de la arena, eran los oasis, que permitían atravesar la sábana blanca sin morir en el intento, una que otra caravana de mercaderes turcos, zigzagueaban entre dunas que marcaban senderos movidos por el viento. Aquí y allá en el atalaya y en la arena, el sol, como astro omnipotente, marcaba los últimos instantes de ese día con su inclinación hacia poniente. Todavía faltaban algunos vuelos más del ave del desierto y luego, las sombras caerían sobre él y con la noche, vendría el frio y los animales depredadores merodearían cerca de los oasis y de las caravanas, en búsqueda de comida. Así era siempre y siempre así sería por capricho de los dioses, la vida en el desierto de Fraku-Medith salvo el palacio y el atalaya, que tenía sus propias reglas y Magos Hechiceros, que intervenían en ellas, todo lo demás desierto y oasis era administrado por los dioses del reino. Tan solo eso, la vida y la muerte eran producto del destino, de un día de sol o de una noche fría, del ataque de un animal salvaje o el de bandidos organizados para robar y mezclado con todo estaban los parias, los llamados nayalas o hombres del desierto, que poblaban oasis, caminos y caravanas, por un poco de comida y un lugar en el reino aunque este no sea otro, que el de los oasis del desierto y los pabellones de espera, cuando la caravana hacía un alto en un pueblo o en algún palacio importante, con el fin de negociar y vender lo que traían de sus largos viajes. Ese atardecer, al palacio del atalaya donde el príncipe estaba, hizo su entrada una caravana que venía de muy lejos, con cosas hermosas y desconocidas en sus alforjas y al anochecer hubo un gran revuelo, se improviso un mercado y todos los habitantes del palacio, fueron a ver las raras mercaderías, los hechizos y las hierbas para conjuros que venían tal vez de Persia, o quizás de más lejos aún, con el fin de proveer a los Magos del Imperio y ofrendar nuevos tributos a los dioses, en tanto a los mortales, les ofrecían los collares y las perlas, junto a las telas más exóticas, las alfombras más compactas, los licores traslúcidos y los vinos fuertes y el príncipe en el atalaya, rodeado de estrellas y de un cielo más infinito que el mismísimo desierto, miraba a lo lejos y detuvo sus ojos allá abajo, en la caravana, vendiendo todo lo que había traído de lejanos reinos y se le ocurrió bajar e ir a su encuentro. Escalón por escalón lo hizo, fue como si volviera el tiempo atrás, después de horas de caminar al fin llegó a la base de la torre, cruzó la puerta majestuosa, fue saludado por la guardia, rechazó el carro ungido que lo llevaría a palacio y sacándose sus atributos terrenales como un hombre más, se internó en el mercado y se mezcló con la gente. Ya casi toda la mercadería había sido vendida y los nayales, se disponían a partir, en eso estaban mientras preparaban sus bultos y acomodaban los camellos y desarmaban sus tiendas. Fue alguien de todos ellos, que confundió al príncipe como uno de los suyos y le pidió ayuda, para cargar la mercadería no vendida sobre el lomo de los nerviosos animales, que impacientes esperaban ellos también partir. El príncipe, accedió de buen grado a lo pedido y sus manos se cruzaron sobre los bultos que iban levantando y acomodando en el lomo de las bestias. Un rato después todo ya estaba ordenado y la caravana lista, para internarse nuevamente en la arena y el silencio, fue en ese momento en que los ojos del príncipe, se encontraron con los ojos del hombre del desierto y asombrado se dio cuenta, que a quien había ayudado no era un hombre, ya que una mirada de mujer lo estudiaba con atención mientras le preguntaba con curiosidad.
--¿Quién sos? ¿De donde venís o en dónde estabas, que ahora que te veo bien, nunca te vi en nuestra caravana?
--Para saber de mí -le contesto el príncipe- debiste haberme mirado alguna vez y nunca los has hecho, tus ojos no han querido verme y es por eso, que no me conoces.
--Mis ojos miran lo que alrededor de ellos existe y vos nunca has estado.
--Puede ser, el desierto es inmenso y sus lugares infinitos, pero por lo que ves hoy al fin nos hemos encontrado.
--Al menos dime a que caravana perteneces.
--A todas o a ninguna, me gusta la libertad de quedarme o irme, según sea el camino que cada cual recorra.
--Y hoy nayala misterioso ¿Qué camino eliges?
--Aquel por el que vayan tus camellos siempre y cuando el dueño así lo quiera.
--El dueño es mi padre y si se lo pido yo aceptara.
--Entonces en marcha, vamos a verlo y que sea él quien determine mi destino.
El príncipe y la nayala se alejaron juntos, hacia una tienda que también estaba siendo desarmada, allí un anciano de profusa barba y mirada penetrante, que aparentaba ser el jefe de todos aquellos que trabajaban,
dirigía las operaciones. Hacia él se encaminó la joven junto con el príncipe y una vez cerca le hablo de esta manera.
--Venerable padre, este joven me ha ayudado a empacar mis bultos y en recompensa, me pide integrar nuestra caravana, ya que no tiene ninguna permanente que lo acoja.
--¿Cómo te llamas hijo?
--Mi nombre es Josué.
--¿De dónde vienes Josué?
--De la margen opuesta del desierto en donde estamos, allá donde las montañas son más altas y las noches más frías y los ascetas, esclavos de los dioses pululan en las cuevas de su ermitaña vida, vengo del fuego y de la nieve, donde los extremos se tocan para fundirse en largas lenguas de agua, soy un nayala que camina en busca de su destino, lo que decidas será causa de él.
--Esta bien muchacho, veo que la fuerza de tus brazos se trasmite a tu cabeza y a tu corazón, de seguro nos serás útil en los problemas que se nos vayan presentando, te acepto en la caravana, serás uno más de los nuestros, Yamila, ubícalo en ella y dale un lugar en la tienda que será su morada, dentro de muy poco partimos.
--Gracias padre, vení conmigo Josué.
Ambos Yamila y Josué se alejaron en dirección al grueso de la caravana, que ya estaba dispuesta a partir.
--Te ubicaré en la tercer tienda después de la de mi padre y serás el séptimo en ella, tu tarea pasará a ser la de formar parte del consejo, que se reúne para decidir sobre lo que vamos haciendo en nuestros largos viajes y que es, lo que más nos conviene de ellos.
--¿Por qué tanta consideración?
--Simplemente, porque tú persona hace a nuestra consideración y tanto mi padre como yo, vemos en vos a un joven al que apreciamos y tendremos en cuenta, en el momento de resolver nuestros problemas.
Josué aceptó lo dicho por Yamila y la siguió rumbo a lo que sería su morada de ahora en más, mientras esto hacía, se quedo pensando en todo lo que dejaba atrás, la corte, el reino, su poder de príncipe pero desde el atalaya, había visto la inmensidad del desierto, como ningún nayala lo pudo haber visto jamás y hoy se le presentaba la oportunidad, no ya de gozarlo con los ojos sino de recorrerlo con los pies y estar presente, en cada curva del camino, en cada oasis y ser parte de él, como la solitaria duna en medio del sendero. Llegaron a la carpa que de hoy en mas sería la suya y Yamila lo presento a Omar, el responsable de la misma.
--Omar este joven que viene conmigo se llama Josué y a partir de ahora, estará a tus órdenes y formará parte de tu grupo.
--Bienvenido hermano lo nuestro te pertenece y lo tuyo lo compartimos, somos nayalas y nuestra mayor fortuna es ser parte de la comunidad, el hombre solo perece en el desierto, la caravana le brinda apoyo y protección, no lo olvides.
--No lo olvidaré y de buen grado estaré con ustedes.
--Entonces no hay más que hablar preparemos nuestras cosas para partir.
Yamila dejo a Josué y se volvió con su padre. Caía la noche en el desierto y la caravana partió, bultos de color tiza se movían entre las dunas y las bestias de carga, transportaban entre médanos y arena, la vida de esos hombres. Al mediodía del otro día no encontrando ningún oasis en su marcha, decidieron acampar sobre la sombra que proyectaban unos altos montes, a poca distancia del borde del camino. Una vez allí, armaron sus carpas y esperaron que el sol vaya huyendo de la arena, para continuar en ella la interrumpida marcha. Josué caminaba entre las carpas sin sus atributos de príncipe y solo con su ropaje de nayala, pero poco le importaba eso, quizás nada, lo que en cambio si le interesaba y mucho era encontrarse con Yamila y su caminata no tenía otro fin que ese, pronto noto la carpa principal, la del jefe, donde seguro estaría Yamila ¿Pero a título de que acercarse a ella? ¿Cuál sería el pretexto, la excusa que le permita hacerlo? En eso estaba pensando cuando de pronto vio que de la carpa, salía una mujer y se encaminaba en línea recta hacía donde él estaba y esa mujer, no cabía dudas era Yamila. Se sentó en la arena a esperarla y no lo tuvo que hacer por mucho tiempo, apenas un instante y ella se paraba frente a él, tapándole el sol, cosa inapropiada si fuera príncipe pero como ahora era nayala nada le importo, tan solo le intereso verla nuevamente y tenerla frente suyo y tal fue así, que por un momento largo nada se dijeron, sino solo se miraron hasta que Josué hablo.
--Por gracia de los dioses estas vos frente mío, ya que yo quería verte y no encontraba la situación para hacerlo hasta que de pronto, imprevistamente saliste de tu tienda y aquí te tengo.
--Imprevistamente no, estaba esperando que llegaras quería verte y para verte, veía la arena porque presentía que tarde o temprano por ella ibas a aparecer y cómo ves no me equivocaba, apareciste y ahora estamos juntos como ambos queríamos -y al decir esto se sentó a su lado-
--Yo habitaba una alta torre y el desierto me fascinaba pero tan alta era la torre, que de él solo veía la arena que lo formaba y manchas oscuras de las caravanas que por él pasaban, nunca vi tus ojos, tus hermosos ojos, ni a vos ni a la gente que en compactos grupos, lo atraviesan día y noche sobre su calor insoportable.
--Eso fue hasta que llegamos nosotros a palacio y despertamos tu curiosidad y quisiste saber quiénes y como éramos.
--Tal cual.
--Y entonces si bajaste de la torre y estás conmigo ahora, me has mentido, no eres nayala ¿Quién eres entonces Josué, si es que así te llamas?
--Que importa quién soy, si mi nombre es Josué, Jarami, David o Exzel, lo único cierto e importante es que estamos juntos, que las tormentas de arena tapen mi pasado y que solo nuestro presente, se salve de la tempestad dulce Yamila.
--Si no sabré quien eres al menos dime qué quieres.
--Vos lo adivinas, vos lo sabes, vos sientes lo que quiero, regresar contigo a la tienda de tu padre y decirle que quiero que seas mi esposa, en la senda de la arena mi pie sobre tu pie, más arriba en el aire cálido que circula como rio invisible, mi mano sobre tu mano y mientras caminamos, mis labios y tus labios que se juntan y separan, como a lo lejos el infinito une al cielo con la tierra ¿Podrá ser posible ello? ¿Serás capaz de acceder a lo que te pido? ¿Quieres que seamos el uno del otro, una vara plantada en el desierto?
--Quiero todo eso ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo presentarme ante mi padre y decirle? Josué me quiere su esposa, acá viene conmigo a pedir tu consentimiento ¡Apenas te conoce Josué!
--Si es hábil mercader -que así lo creo- sabrá mi paño, por mucho tiempo no se conoce tanto y solo por un instante a veces sin saberlo, mucho se sabe, tene fe Yamila, cree e mí, tu padre aceptará nuestra propuesta porque es un hombre sabio.
--¡Bésame Josué!  Quiero sentir que eres mío antes de ver a mi padre.
Prolongado fue el beso, uno, dos, muchos fueron para después dirigirse hacia la tienda donde el padre repartía autoridad entre consejos, retos y apretones de mano con su gente. Los vio entrar a Yamila y Josué juntos y al ver sus ojos noto en ellos el brillo del amor y sin que le digan nada ya sabía todo, pero prefirió escuchar a ver que le decían y fue Josué quien hablo primero.
--Padre de Yamila, jefe de la caravana, vengo a hablarte porque el destino quiso que Yamila y yo nos enamoráramos y el destino quiere, que te pida me la des como compañera no sé si para siempre pero tal vez para toda la vida.
--Josué, sin conocerte te conozco, como la mercadería que vienen a ofrecerme sin haberla visto, pues la misma esta en tierras muy lejanas y tal vez tu hombría de bien está más cerca, quizás en la alta torre que vi los otros días en palacio, o tal vez lo más seguro en todo lo que has vivido antes de tenerte frente mío, es por todo ello que te digo, te concedo a Yamila por esposa, pero con una condición así lo impongo.
--¿Cuál es la condición Padre?
--La condición es esta, si tomas a Yamila por esposa, tomas en tus manos el presente y deberás abjurar de tu pasado, el desierto será tu reino, el oasis tu mayor tesoro y la arena la senda que te llevará por la vida de ahora en más ¿Aceptas Josué?
--Acepto Padre.
--Entonces te nombro nayala de ahora y para siempre y te doy para que te acompañe en el árido desierto a mi hija Yamila ¡Así sea!
--¡Así sea! –Contestaron a su vez Yamila y Josué unidos en un fuerte abrazo.


 

  
 

jueves, 2 de enero de 2014

CON LA CARTERA EN LA MANO




Cruzó el cuarto desorientado y por el amplio ventanal miró a la calle. Ya era pleno día y a través del vidrio se movían las familiares postales de su barrio, se había quedado dormido eso era todo, pero ese todo implicaba haberse perdido una reunión sumamente importante en el trabajo y despertarse con ella, que aún dormía despatarrada en su cama. ¿Cómo se había dado el lujo de esa irresponsabilidad? No lo sabía ¡Ni idea! Pero de lo que estaba seguro de que se había metido en un quilombo, la reunión perdida -demasiado importante- y ella, que apenas si la conocía, para ser más exacto no sabía quién era, pero había tenido la habilidad de retenerlo en la cama mucho más de lo previsto y ahora, estaba pagando las consecuencias. Fue al baño y se higienizo, luego a la cocina donde preparó dos cafés, unas tostadas con dulce y manteca para después, encaminarse con todo ello al dormitorio a despertarla y desayunar juntos. Cuál sería su sorpresa, cuando la encontró vestida y a punto de salir con la cartera en la mano. ¿Por qué te agarró tanto apuro? -le pregunto- ¿No vas a desayunar conmigo? No me voy -le dijo- he perdido una reunión importante y apenas si te conozco. Dicho lo cual atravesó el living, abrió la puerta de calle que tenía las llaves puestas y desapareció.

jueves, 26 de diciembre de 2013

HEXAGRAMA CINCUENTA




Abrió su I CHING al Azar y apareció ante él, el hexagrama 50 correspondiente al símbolo TING
-El Caldero-

_________Todo en su vida se encontraba patas para arriba, su matrimonio -se había
                   separado- su trabajo -cada vez le gustaba menos- y la relación con la
                   gente casi nula, sentía que poco a poco se iba convirtiendo en un
                   ermitaño,
____  ____la verdad, debería volver a cocinar su vida he irle agregando los  
                   ingredientes, que poco a poco lo hagan de nuevo progresar,
_________pero tenía las asas del caldero cambiadas y donde lo agarraba se le daba
                   vuelta. Tal vez si la vida fuera un caldero
_________y él le rompiera las patas, ya libre lo usaría como adorno,
_________con asas amarillas y aros de metal, o lo que es mejor aún, aros de jade,
                   porque los chamanes anuncian que eso es augurio de buena fortuna.
____  ____Debería hacerlo, debería empezar a cocinar y dejar de comer afuera
                   -pensó- quizás con lo que ahorre y las nuevas molestias que se tome,
                   pueda encauzar su vida nuevamente, envalentonado por estas y otras
                   ideas que iba cocinando en su mente, entró al primer bazar que encontró
                   y se compró un caldero.

HEXAGRAMA TREINTA



                                                     

Abrió su I CHING al Azar y apareció ante él, el hexagrama 30 correspondiente al símbolo LI
-El aprendizaje inteligente-

_________Sobre el cartón desnudo de una mariposa clavada en la pared, el vio las
                  alas muertas e imagino entonces, que las alas sin vida se asemejaban al
                 camino de su inseguridad. En este mundo no tenía una senda marcada,
____  ____no sabía de su sendero correcto y solo despedía a cada día de su vida,
                 igual que
_________ el sol poniente se despide del mar en su agonía. No se escuchaban
                 los instrumentos de tierra cocida de un pasado lejano, ni tampoco los
                 suspiros que ayer sintiera de su pecho, escaparse por los años pasados
                 huecos y vacios, sin que nada ni nadie se pudiera valorizar de ellos.
_________Como un meteoro que vendría a sembrar el caos y la muerte misma, así
                 era rechazado por los círculos sociales a los cuales le costaba mucho
                 entrar,
____  ____profundo llanto producía esta situación en su persona, hasta que cansado
                 de todo decidió ser alguien, tal vez el peor, pero alguien a quien se
                 respete.
_________Se alistó en las huestes del Monarca y entró a su servicio. Logro gran
                 éxito, porque encumbrado por este, solo castigaba a los jefes y no a los
                 subordinados.